Sola.
Estoy sola, sí, muy sola.
Acababa de empezar el verano y estaba así a diario, en una burbuja de soledad. El calor me hacia débil, la temperatura subía y yo no hacia más que esperar respuestas a preguntas que nadie me contestaba. No tenia ningún tipo de sentido seguir hacia delante, no tenia metas que me hacían estar feliz, solo quería irme a otro sitio lejos de aquí, donde no conociera a nadie, ni nadie a mi.
Llevaba aparte de todo eso la intensa enfermedad de la tristeza continua, que no me dejaba pensar con claridad, ni ver las cosas como realmente eran, ya que mi estado era penoso día a día y desesperante, caminaba sin rumbo buscando algún alivio, nunca encontraba nada cuando salía a pasear sola.
Estaba intoxicada de mi propio dolor, de aquel primer amor que me olvidó y me dejo con el corazón roto cuando yo quería seguir. Dadas tantas carencias, intenté desaparecer del lugar donde estaba pero no podía, no sabia realmente a donde ir y el no saber si ir sola seria lo adecuado, me echaba para atrás, necesitaba a alguien a mi lado y nadie estaba para poder irme.
Los pensamientos estaban bloqueados, las palabras ya no tenían alma. Estaba inmersa en una desesperación, pero tenia el poder solo de expresarlo mediante un silencio sin palabras, que podía entender pero, a veces me perdía. Eran mis propios pensamientos los que podían llegar a un razonamiento y un corazón que aunque estuviese helado, aun podía sentir y llegar a por lo menos sentirme a mi misma, bajo toda esa carencia emocional. De todos mis pasados intentos, ninguno fue duradero, ninguna senda recorrí con constancia.
Se me ocurrió, por un momento dejar la dependencia emocional hacia lo que buscaba y no me respondía y dejé que pasara el tiempo. Tiempo que fueron medianamente resistentes para mi, no estaba feliz, pero tampoco infeliz. Estaba ahí, jugando como al azar, todo parecía un juego de ajedrez, enfrentándome a mi propia sombra.
¡Que duro era esto! Todo era un desafío, y yo una aprendiz. Me ahogaba la idea de no estar preparada ante los momentos de la vida, como si pensara, que no sabría como responder, o como resolver lo que se me venía de forma natural o normal.
Ya era algo tarde. Tarde para continuar. Había perdido mucho tiempo intentando decidirme, y solo venia símbolos de interrogación ante mis escasas decisiones. Ya lo único que me quedaba era echar a llorar, por las injusticias de la vida y que aunque tirase de la cuerda se rompería y me caería al vacío. Solo quería encajar en el sistema.
Me miraba ante el espejo pero solo veía un rostro que desconocía...
Comentarios
Publicar un comentario